miércoles, 28 de enero de 2009

DESPILFARRO DE AGUA Y POPULISMO ELECTORAL

Los datos son contundentes y alarmantes, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) con la cantidad de litros de agua que desperdician los 20 millones de habitantes de la Zona Metropolitana del Valle de México, se podrían llenar todos los días más de mil albercas olímpicas y una persona de esta zona consume, en promedio, 300 litros de agua diarios cuando con sólo 150 litros podría realizar todas sus actividades de aseo y alimentación. Por ejemplo, si una persona se lava los dientes con la llave abierta, gasta 10 litros en promedio y si repite el proceso las tres veces diarias consumen por persona 30 litros, cantidad que podría reducirse en 97% si sólo se utilizara el contenido de un vaso de 355 mililitros por cada aseo bucal. Del mismo modo, muchas amas de casa y empleadas domésticas y en hogares de todas las condiciones económicas, emplean criminalmente el chorro de la manguera para regar su banqueta y calle cuando normalmente con una buena barrida se logra el mismo efecto de limpieza. Con estos malos hábitos y pésimas costumbres, los habitantes y sus hogares ocupan el primer lugar entre los sectores que más derrochan el agua en el Distrito Federal, muy por encima de los comercios y la industria. Inclusive esta última resulta la más ahorradora porque se le aplican tarifas mucho mayores que las del consumo doméstico y el suministro es por un preciso servicio medido.

Además, en la inmensa mayoría de las casas y edificios habitacionales mexicanos no existen tecnologías ahorradoras y no se revisan las tuberías con la debida frecuencia. Ante ello ciertos funcionarios sostienen que el alto consumo del líquido se debe a la falta de hábitos de ahorro pero esto es sólo una parte del problema, en una macrourbe como el Distrito Federal el costo del agua debería ser el más alto de todo el país. Pero además de un precio y tarifa mucho mayores, deben aplicarse sanciones ejemplares para quienes la desperdician y la despilfarran porque se trata de un ecocidio. El tema del agua es de tal importancia en otras latitudes como España existe un Tribunal de Aguas creado para resolver las controversias entre regiones y localidades sobre la propiedad y la distribución del preciado líquido.

Otro importante problema es que el 35% del líquido que abastece a la ciudad se desperdicia en fugas de la red hidráulica. Así, el agua que se pierde todos los días en la zona metropolitana por fugas y tomas domiciliarias representa casi el doble de la cantidad que envía el Sistema Cutzamala. La todavía inadmisible ausencia de micromedidores en todos los hogares imposibilita a las autoridades conocer tanto el consumo como el desperdicio reales. Como la gente común tiene fácil acceso y subsidios inadmisibles en el pago que la Tesorería le factura, no valora el beneficio de tener agua potable en sus hogares. Pero esta ignorancia y falsas creencias pueden desterrarse demostrándole a la ciudadanía con todo tipo de materiales informativos y educativos lo que implica y cuesta traer todos los días los millones de metros cúbicos que se consumen en el Valle de México.

Por lo tanto, a la actual política pública en materia de agua potable y saneamiento del Gobierno del Distrito Federal le ha faltado mucha capacidad técnica y política para tomar medidas audaces que eviten un colapso y una crisis de consecuencias no vistas para mucha gente. Entre estas medidas aparecen la construcción y operación de grandes plantas de tratamiento de aguas residuales mínimo una por cada delegación y dos o quizá tres en las delegaciones mas pobladas como Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Alvaro Obregón. Al mismo tiempo, debe obligarse por norma y fuerza de ley a que en la construcción de todas las viviendas nuevas existan muebles de baño y cocina que consuman mucho menos agua potable. Además, instalar sistemas de recuperación y almacenamiento de las aguas de lluvia, dobles redes de tubería una para el agua potable y otra para el agua tratada destinada a las labores de limpieza y riego de áreas verdes. De la misma forma, una política tarifaria innovadora e imaginativa deberá estimular que en los actuales hogares y edificios públicos y privados se cambien los viejos muebles de baño que consumen un promedio de 20 litros por descarga por lo nuevos que sólo usan 6 litros y también la instalación de los denominados mingitorios secos.

Pero la medida urgente y de efectos inmediatos es subir el precio del agua potable, sin embargo, los gobiernos populistas no aplican estos incrementos porque se guían o conducen con criterios más políticos y electorales que con parámetros técnicos y ecológicos. No importando que el usuario no comprenda ni se le haga entender que la tarifa que paga no es únicamente por el líquido cristalino como tal, el precio del agua se integra por todos los costos del complicado y largo proceso que comienza muy lejos de los centros de consumo con las enormes plantas de tratamiento o potabilizadoras, las grandes bombas, las tuberías, los depósitos y la construcción y mantenimiento de las redes secundarias que la distribuyen a todos los usuarios. Al mismo tiempo, un costo es traer el agua y otro costo es sacar esa agua denominada residual y negra cuando ya ha sido utilizada por la industria, el comercio, los servicios y los hogares. En el caso del Distrito Federal, el organismo público Sistema de Aguas de la Ciudad de México le paga a la CONAGUA importantes cantidades por los obvios enormes consumos y estos pagos están contemplados dentro de los presupuestos públicos financiados a su vez por los impuestos.

Pero los gobiernos que sólo quieren mantenerse en el poder como sea, renuncian a su labor educativa y sensibilizadora sobre lo que significa gozar de agua potable en la vida cotidiana. Pero como en aquella película "Cuando el Destino nos Alcance", mientras más se retrasen las decisiones y acciones contundentes más pronto llegarán los tiempos en que estos gobiernos tercamente populistas obligatoriamente tendrán inevitablemente que aplicar medidas extremas y muy impopulares de severas restricciones en el consumo del agua potable. Lo cual hará todavía más díficil romper o superar las barreras del subdesarrollo mental y material imperantes.


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